07 octubre, 2010

Arte de amar [Gackt x Hyde] Capítulo V



Capítulo V

Primer día de trabajo. Hyde se levantó a las ocho treinta de la mañana ese día, un poco más temprano de la hora en la que solía despertar con las carreras matutinas de Tetsu por todo el segundo piso. Se dio una larga ducha, se vistió con la mejor ropa que tenía, la cual no era ni muy elegante ni muy casual, se arregló lo necesario y salió camino a su trabajo. Durante la mañana estuvo con el antiguo bibliotecario que ese día se iba de viaje a Estados Unidos y no volvería a Japón por un buen tiempo, eso aseguraba su estancia en la Biblioteca. Aprendió todo lo que debía aprender y entonces aquel caballero se fue, dejándolo a cargo de lo que sería su entretenimiento hasta las cuatro de la tarde. 
Ordenar libros, recibir devoluciones, arrendar unas cuantas novelas, ayudar un par de chicas a buscar unos cuantos datos, entre otras cosas fueron las que lo mantuvieron ocupado hasta la hora del almuerzo. Desgraciadamente, no podía darse un rato para salir a almorzar y volver, por lo que debía esperar a que Tetsu cumpliera su promesa, le llevara algo de comer y lo acompañara un rato antes de que tuviese que volver a la Universidad. Pero su amigo tardaba en llegar, pasaron al menos... ¿Treinta minutos? Durante todo ese rato se entretuvo haciendo un crucigrama que venía en la parte trasera del periódico. Así, hasta que fue sacado de sus pensamientos.

- ¿Tienen el ejemplar Cuentos de antaño?
- Claro, búsquelo en... -Calló sus palabras al levantar el rostro, reconociendo a quien tenía en frente.
- Vamos Haido, dime dónde está el libro. -El alto joven se apoyó en el escritorio con ambas manos, acercándose al rostro del menor.
- En el pasillo tres... -Susurró levemente, como si se sintiera intimidado.
Entonces, Gackt se enderezó mientras sonreía de medio lado, volteó para darle la espalda al pelinegro y se encaminó al pasillo tres. Hyde, por su parte, lo siguió con la mirada hasta perderlo de vista entre los pasillos. No podía comprender por qué se había sentido tan intimidado por el más alto, era como si la persona que le gustara estuviese coqueteándole. Un momento, Gackt no le gustaba ni atraía, ¿Por qué se sentía así? Así se decía así mismo mientras sacudía la cabeza de un lado a otro, como si consiguiera sacárselo de la cabeza con ese gesto. 
Un libro y un pequeño tazón con comida en su interior cayeron pesadamente sobre su escritorio, tapando su crucigrama. Volvió a levantar la vista y ahí estaba nuevamente Gackt, sonriendo de medio lado como hace un instante.

- ¿Qué es esto? -Preguntó, refiriéndose al tazón con comida.
- Un libro, ¿Qué no lo ves? -Gackt notoriamente se burlaba de él.
- Me refería al tazón. -Frunció levemente el ceño, la actitud de Gackt hacia él no le agradaba.
- Pues si sabes qué es para qué preguntas. -Se cruzó de brazos con impaciencia.
- Olvídalo... 

Seguido de aquello Hyde tomó el libro en sus manos y lo abrió en la última página, sacó de ahí una pequeña tarjetita y anotó la fecha, la colocó en su lugar nuevamente, escribió lo mismo en el libro de arriendos, el nombre y código del libro también y le extendió una mano al mayor, esperando a que este le entregara algo.

- ¿Qué? ¿Qué quieres? -Gackt se hizo el desentendido.
- Tu tarjeta de socio, si no la tienes, no puedes llevar el libro.
- Oh, vamos Haido, ¿No me negarías el libro o si? -Volvió a apoyar las palmas de sus manos en el escritorio, acercándose a Hyde nuevamente.
- Claro que sí. ¿Me vas a pasar tu tarjeta sí o no? -Esta vez no se dejó intimidar.
- No la tengo conmigo ahora. -Sonrió travieso, buscando aflojar al chico frente a sí.
- Supongo que sí tienes tu cédula de identidad, ¿Verdad?
- ¿Para qué la quieres?
- ¿Quieres el libro sí o no? 

Gackt se dio cuenta de que no podría ganar esa pequeña batalla en la que se había metido, por lo que sacó su billetera y de ésta su cédula de identidad, la cual entregó al más bajo. Hyde la recibió gustoso, sonriendo como un niño cuando está a punto de hacer una travesura, la guardó en su cajón, anotó algo más en el libro de arriendos y entregó el libro arrendado al más alto, continuando ahora con su crucigrama. 
- La renta dura una semana, debes devolverlo o deberás pagar una multa. -Dijo con tranquilidad.
- Espera... ¿Pretendes dejarme sin mi cédula durante una semana?
- Si lees rápido, seguro serán un par de días.
- Pero, ¡No puedes hacer eso! Eso se hace con la tarjeta de socio.
- Pero has dicho que no la tienes y quieres el libro. No hay otra opción.
- ¿Qué? Eres un...
- ¿Un qué? -Interrumpió Hyde, levantando el rostro y enarcando una ceja.
- Nada... -Gackt se guardó sus palabras, tomó el libro y lo guardó.- El castaño te ha enviado eso... -Observó el tazón con comida y dispuso a retirarse.

Entonces Hyde llevó su vista hasta el tazón con comida, lo tomó para acercarlo y sacarle la tapa. Pudo notar entonces que la comida estaba tibia y que era algo cocinado por la Señora Yamada, era el platillo que había comido en su primer día en el hostal. Tomó la cuchara adjuntada al tazón y comenzó a comer con tranquilidad, la biblioteca estaba tan vacía que no habría nadie que le molestara dentro de un buen rato pues, los presentes, leían entusiasmados. 
Para las cuatro de la tarde llegó la bibliotecaria que tomaría su puesto y trabajaría la siguiente jornada hasta cerrar, por lo que podía volver a casa y disfrutar de un merecido descanso. Al llegar, como siempre, Tetsu estaba sentado en el sofá viendo televisión, ocupando el sofá y la mesa de centro de la sala con su enorme cantidad de cuadernos y libros. Se acercó a él y se puso frente a la televisión, dejó caer el tazón sobre la mesa de centro y se cruzó de brazos. Tetsu tragó saliva y sonrió amistosamente, tratando de apaciguar la travesura que había hecho.

- ¿Por qué fue Gackuto Camui el que me entregó el almuerzo y no tu, Ogawa Tetsuya? -Trataba de fingir un tono de enfado, el cual le resultaba.
- Oh vamos, no te molestes Doiha-chan. Tan solo tuve un percance.
- ¿Ah si? ¿Qué percance? -Parecía divertirse al interrogarlo, era como haber pillado a un niño con las manos en la masa.
- Ehm... Yo... -Tetsu no sabía qué percance inventar, a lo que Hyde enarcó una ceja.- Está bien, no tuve percance. Pero pensé que enviar a Gackuto a dejarte el almuerzo serviría para unirlos.
- ¿Para unirnos? -Eso no se lo esperaba.- ¿Cómo que para unirnos?
- Doiha-chan, admite de una vez que Gackuto te atrae.
- ¡Ya te he dicho que él no me atrae! 

Y después de aquello, Hyde subió enfurecido a su cuarto y se encerró en éste dando un fuerte golpe con la puerta, corroborándole nuevamente a Tetsuya que se encontraba en lo correcto. 

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