06 diciembre, 2010

Aroma a Manzana: Sorprendido.

 Capítulo II: Sorprendido.

Silencio. Horror. Inseguridad. Miedo. No podía creer lo que veía. Hyde atado de brazos cruzados con cadenas y a medio vestir sobre una cama en un sótano, además de que las cadenas estaban atadas a la cama. Gackt tragó saliva con dificultad, tan solo fue eso lo que pudo hacer al momento que reaccionó, mientras veía los ojos de Hyde, suplicando ayuda, al borde de llorar, quién sabe si por emoción o por miedo, mientras que de su fina garganta intentaba salir algún tipo de palabra, mas no podía. Lentamente Gackt reaccionó a acercarse, se sentó en la extrañamente cómoda cama y observó a Hyde sin saber qué decir, mientras que el más pequeño hacía lo que podía por voltear a verle, mas no podía, el atado de las cadenas no se lo permitía y por el gesto facial que hacía de seguro le dolía. Gackt se tomó el tiempo de observar a Hyde de pies a cabeza, analizando el deplorable estado en el que estaba. Su cabello, largo y castaño, estaba sucio y con las puntas florecidas. La piel suave y exquisita que solía recordar en él estaba ahora sucia y mal cuidada. Sus ojos almendrados, danzarines de emoción, que emanaban felicidad y paz a toda hora, ahora suplicaban clemencia y tan solo sabían llorar de tristeza y su sonrisa infantil ya no existía. Lo peor, era su cuerpo. La camisa originalmente blanca, ahora casi gris, que cubría su cuerpo, estaba manchada de pequeños lunares de sangre por todos lados, y el recorrido de las cadenas estaban marcadas de sangre también. Sus piernas, llenas de horrendas quemaduras. Hubo un momento en que giró el rostro, asqueado al ver su cuerpo tan sucio y herido. Su cuerpo entero caía en la desgracia, era flaco y muy delgado, además de pequeño. Pequeño, se veía tan pequeño. Gackt hizo una comparación mental, Hyde era tan solo unos años menor que el, debería tener al menos una complección parecida a la suya, pero no, había caído en aquella desgracia y su cuerpo era pequeño, como si aún fuese un joven de quince años, o menos. Luego de unos segundos Gackt suavemente tomó el rostro de Hyde, aquel rostro sucio con el recorrido de sus lágrimas bien marcados, lo observó por unos segundos mientras las lágrimas de Hyde comenzaban a caer, como seguro caían en repetidas ocasiones.

- Hyde, ¿Qué te ha pasado? -Le preguntó completamente atónito.
- Gackt, sácame de aquí, por favor, Gackt, rápido, él volverá, Gackt, no me dejes aquí, por favor, te lo suplico, sácame... -Hyde comenzaba a desesperarse y susurraba con rapidez mientras lloraba.
- Tranquilo Hyde, ya estoy aquí, te voy a sacar. -Ante aquellas palabras Hyde tranquilizó levemente su desesperación. 
- Rápido Gackt, no pierdas tiempo, por favor, libérame. -Susurró Hyde antes de caer en un profundo llanto.
- Tranquilo Hyde, tranquilo. -Susurró Gackt intentando calmarlo.

El llanto de Hyde no cesaba y se acercaba a Gackt con un gesto de súplica, buscando protección, libertad y ayuda. Ayuda. Las manos de Gackt abandonaron aquel rostro angelical en decadencia y se dedicaron a hacer el esfuerzo de quitar las cadenas de los delicados y flacos brazos del menor, pero no daba resultado, mas bien, solo empeoraba las cosas. Las delgadas cadenas estaban tan apretadas que el solo hecho de intentar moverlas para retirarlas dañaba aún mas la piel del menor, haciendo que, en las partes que estaba incrustada, comenzara a sangrar nuevamente, manchando aún más la camisa. Hyde lloraba aún, por lo que Gackt no sabía si de dolor o de angustia, o por alguna otra razón que no se imaginaba, por que no tenía idea de qué era lo que Hyde sentía. Ante la imposibilidad de retirar las cadenas por la fuerza, abrazó el cuerpo de Hyde sintiendo impotencia al no poder ayudarle, observando a su alrededor en busca de algún objeto que le ayudase a cortar la cadena. Pero no había nada, nada en ninguna parte. Todo a su alrededor era polvo, periódicos por todo el suelo, un par de prendas esparcidas por sobre los muebles y un baño. Al menos había baño, pensó. Suspiró levemente ante lo inútil que se sentía, pues no podía liberarlo, mientras que Hyde lloraba a más no poder con el rostro escondido en el pecho de Gackt.

- Tranquilo Hyde, calma, ya no estás solo, yo te voy a ayudar. -Susurró Gackt con dulzura, besando luego la cabeza del más pequeño.

Hyde levantó el rostro para ver a su salvador, sonrió ilusionado, creyendo sus palabras e intento articular un "Gracias", pero el llanto no se lo permitía, su voz estaba completamente quebrada, pero aún sonreía. Cuando de forma repentina, desvió la mirada de Gackt a un costado y se puso tan blanco o más que una hoja de papel. Gackt, intrigado, volteó a ver qué era o que provocaba tal reacción, y tan solo pudo ver la puerta de la habitación cerrarse rápidamente y escuchar un cerrojo, indicándole que ahora ambos estaban atrapados, por lo que para cuando había llegado a la puerta e intentado abrirla, ya era tarde. Hizo todo lo que pudo por abrir aquella puerta, pero era imposible. Estaba tan asegurada como la que daba al jardín, ni siquiera podía derribarla a patadas, además se maldecía a sí mismo por haber ido sin su móvil. Mientras que Gackt intentaba de todo para abrir la puerta, Hyde se daba cuenta de que quizás no conseguiría su libertad ese día, pero al menos ahora eran dos contra uno. Ya no estaba solo, ya no era tan vulnerable. 

- Gackt, gastas energías... No vale la pena. -Sentenció Hyde a momento que lograba reaccionar.
- ¡¿Qué?! ¿Qué estás diciendo? ¡¿Te estás rindiendo?! -Gackt estaba completamente alterado, él no podía quedar encerrado en tales condiciones. 
- Cálmate Gackt, ¿Crees que yo no intenté hacer eso? Terminarás cansándote, gastarás energías en vano. -Al decir aquello sus ánimos bajaron nuevamente. 

Gackt escuchó las sabias palabras de Hyde, tenía razón, él ya estuvo en la misma situación quizás cuánto tiempo atrás, y quizás por eso terminó encadenado como estaba. Suspiró resignándose, volvió junto a Hyde, se sentó suavemente en la cama y con delicadeza, acurrucó el cuerpo del castaño junto a si. El silencio reinaba entre ellos, Hyde caía en un silencio de paz en el cual se sentía protegido, se sentía a salvo, mientras que Gackt no sabía qué decir, demasiadas preguntas, demasiadas hipótesis, demasiadas conclusiones, demasiadas incertidumbres y demasiadas ganas de hablar, de preguntar, pero sin poder hacerlo. Suspiró suavemente, casi inaudible, observando aquella puerta que se cerró frente a él y bloqueó la salida quizás hasta cuando. Podían morir, podían salir, podía pasar cualquier cosa. No habían pasado ni cinco minutos y comenzaba a desesperarse.

- Hyde, ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
- No lo sé, no puedo saber cuándo es de día ni de noche, no hay relojes aquí y perdí la noción del tiempo. -Hyde parecía tranquilo, adormilado.
- ¿Recuerdas la fecha en la que te encerró aquí?
- Si, fue en mi décimo sexto cumpleaños. ¿Qué fecha se supone que es hoy Gackt?

A Gackt casi le dio un paro cardiorespiratorio o algo por el estilo. ¿Dijo décimo sexto cumpleaños? Eso significaba que cuando Hyde tenía diez y seis, él tenía diez y nueve. Pero ahora tenía veintiséis, lo que daba en la conclusión que en esos momentos Hyde tenía veintitrés, por lo que llevaba siete años encerrado. ¿Cómo podría un hombre resistir tanto tiempo? ¿Cómo era que lograba sobrevivir en tales condiciones? Las preguntas se duplicaron para ese entonces.


- ¿Gackt? -El más pequeño observaba curioso al más alto, esperando aún una respuesta.
- ¿Eh?
- ¿Qué fecha es hoy?
- ¿Quieres saber cuánto llevas encerrado? -Hyde asintió levemente con la cabeza.- Siete años, llevas aquí siete años. 


Hyde nuevamente se puso pálido. No se esperaba una cifra como esa, era casi imposible, no había notado el pasar de los años, creía que la eternidad que sentía era a causa del aburrimiento y la tristeza. De inmediato comenzó a negar con la cabeza, volvió su llanto, no podía creerlo, era imposible, si realmente hubiese estado ahí siete años hubiese crecido más, o era lo que él creía. Gackt mientras tanto bajó la mirada entristecido, realmente estaba muy apenado por la situación de Hyde, más aún por que no podía ayudarlo, mucho menos ahora que ambos estaban encerrados. Mantuvo la mirada baja durante muchos minutos, llevando su vista a las piernas del pequeño, llenas de quemaduras, preguntándose qué era lo que aquel hombre le había hecho en las piernas, por que ya había llegado a la conclusión de que lo violaba, era más que notorio. Estaba tan preocupado de imaginar en su mente cómo había sido que ni cuenta se dio cuando Hyde comenzó a observarlo, comprendiendo su curiosidad con tan solo verlo a los ojos y darse cuenta de qué era lo que tanto observaba.


- Un día llegó con una olla en las manos... -Comenzó Hyde, captando de inmediato la atención de Gackt.- La dejó sobre aquella silla junto al escritorio y la acercó a la cama. -Hizo una pausa, respiró y continuó.- Se sentó junto a mi y... -Otra pausa.- Comenzó a tocarme. Dijo que traía algo para mi. -Tragó saliva, dejando caer una lágrima.- En eso sacó unas cuerdas y... Ató mis pies para que no me moviera. -El volumen de su voz iba bajando poco a poco.- Luego, tomó una espátula y la introdujo en la olla, me tocó las piernas y vi cómo sacaba cera hirviendo de la olla. -Para entonces su voz se había quebrado por completo.
- Te quemó... ¿Con cera caliente?
- Me depiló... Con cera hirviendo. -Corrigió entre llanto, flectando las piernas y acurrucándose.


Gackt no dejaba de impresionarse. Abrazó un poco mas el cuerpo de Hyde, cuidando no lastimarle, mientras que Hyde inconscientemente buscaba refugio en el pecho del mayor. No sabía qué hacer, qué decir, no sabía nada, su mente estaba en shock nuevamente. En eso pudo notar cómo el frágil cuerpo de Hyde tiritaba levemente, seguido de haber sentido una leve brisa helada. Inmediatamente recostó cuidadosamente a Hyde y lo arropó con cuidado, mientras que él tan solo se dejaba hacer, observando con esos ojos de vidrio que pedían a gritos un poco de cariño. Luego de arroparlo se sacó los zapatos y se metió a la cama junto a él, abrazándolo suavemente para darle calor, bostezando de aburrimiento.


- ¿Qué haces para entretenerte?
- Nada, solo me quedo aquí, no puedo hacer nada mas que estar sentado o acostado aquí en la cama. -Ante el silencio de Gackt, Hyde continuó.- Pero a veces Mei-chan hace cosas divertidas que me hacen reír. -Una leve sonrisa se asomó entre tanto llanto.
- ¿Mei-chan? ¿Hay alguien más aquí? -Enarcó una ceja, sorprendido nuevamente.
- Claro, es una gran compañera, ya la verás cuando aparezca. -Hyde sonrió tan dulcemente que Gackt llegó a conmoverse ante aquella sonrisa, sonriendo él también, acurrucándolo en su pecho mientras besaba suavemente su frente.
- Duerme ya pequeño, es tarde, debes dormir.
- ¿Cómo sabes que es tarde?
- Por que mi estómago dice que es la hora de cenar. -Hyde rió suavemente ante aquel comentario.- De todas formas puedo apostar a que son las nueve de la noche.
- ¿Por qué apostar si no tenemos reloj?
- Yo si tengo uno. 


Entonces Gackt sacó de uno de sus bolsillos un pequeño reloj y se lo enseñó a Hyde. Por un momento estuvo a punto de decirle que lo tomara, con confianza, pero se guardó el comentario, hubiese sido un horrible error, por lo que tan solo le permitió observarlo y, en efecto, eran las nueve con tres minutos. 


- ¿Lo ves? Es hora de dormir.
- Pero, y si... ¿Qué pasa si...? Yo no...
- ¿Realmente crees que va a venir? -Le interrumpió y Hyde asintió.- No vendrá estando yo aquí, al menos no esta noche. Esperará unos días antes de venir, de seguro está confundido y no sabe qué hacer.


Esas palabras tranquilizaron a Hyde de una forma muy impresionante, haciendo que se acurrucara y, como si nunca en siete años hubiese dormido, cayó de inmediato en un sueño profundo que llegaba a parecer estado de coma. Gackt sonrió ante lo adorable que se veía aquella escena. 

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