¿Cómo eras tú, abuelo, por qué te fuiste?
Escuchar historias no es suficiente.
Sonrío al recordar tus fotos sobre el mueble
Con tu barba corta y punzante, sonriente
Irradiando alegría a través de tu mirada
Tan resistente que en el papel se mantiene
Y le enseña a tus nietos aquella esencia
Pura de tu alma.
Lenguas dicen qué tan divertido y bueno eras
Unías a la familia con lazos indestructibles
Y te preocupabas de hacerlos felices, hasta
Con el más mínimo detalle.
Fuiste un hermoso niño toda tu vida,
Porfiado, chacotero y encantador,
Nadie a tu alrededor se resistía a la risa
Y tenías el don de animar toda fiesta,
Tanto que aunque no estés tu humor se recuerda
Y tu presencia en alma nos alegra
Proporcionando así felicidad eterna.
Ahora tu cuerpo descansa en la tierra,
En aquel aposento de madera,
Rodeado de flores que plantamos para ti,
Las cuales se alimentan de tu energía,
De aquella energía pura,
Sincera y vividora.
Sé que estás aquí, mi ángel,
Siento tu alma cuidando la mía,
Y jugando con los ángeles
A las escondidas,
Por eso no me dejes nunca,
Jaime Silva.
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