03 febrero, 2011

Relato: Terremoto Febrero 2010


27 de Febrero 3:33 A.M. Hora Local Viña del Mar, Chile
Estaba despierta recostada sobre mi cama en absoluta oscuridad tratando dormirme después del arduo día que tuve pero por alguna razón no lo lograba. Estando con la luz apagada, las cortinas, ventana y puerta cerrada no había ningún tipo de destello de luz en excepción de la parpadeante luz del módem de Internet que parpadeaba toda la noche pero ya no me provocaba problemas puesto me acostumbre a aquella luz hace meses. Tomé mi celular para ver la hora y noté su batería que estaba a punto de acabar, así que me levanté y enchufé el cargador a modo que pudiese cargar el celular y nuevamente me recosté sobre la cama, sin taparme puesto que hacia calor. Volví a hacer el intento de dormir pero por alguna extraña razón no podía.

27 de Febrero 3:34 A.M. Hora Local Viña del Mar, Chile
Sentí un extraño ruido que me hizo prestarle toda atención, intenté descubrir qué tipo de ruido era y qué lo provocaba, pero no lograba suponer lo que era y lo horrible que iba a ser descubrirlo. Cada milisegundo el ruido aumentaba su volumen e intensidad y sentía que estaba cada vez mas cerca de mi y en el momento en que lo sentí mas cerca fue cuando la estructura completa de mi casa comenzó a moverse abruptamente y el ruido aumentó multiplicando su volumen. A pesar del ruido sentí los pasos firmes y asertivos de mi madre acercarse a mi habitación y abrir la puerta con una rapidez que nunca divise en ella, luego de abrir la puerta de mi pieza escuche su voz ordenándome levantarme. Lentamente me puse en pie debido al fuerte movimiento que dificultaba mi faena y en cuanto pude mantenerme en pie sin caer dispuse de ponerme mi bata y caminar hasta la puerta de mi habitación, entonces escuché otra orden de mi madre prohibiéndome salir de mi habitación pues escuchó la ruptura de un vidrio dentro de la casa. Seguí su orden y me mantuve de pie justo donde estaba, bajo el marco de la puerta de mi habitación sujetándome de el fuertemente para no caer y sin sentir miedo alguno mantuve mi mente en un absoluto blanco pues sabia que perder la calma en un momento así podría ser desastroso, mas aun teniendo una hermana menor que se asusta fácil y que en ese momento ya lloraba despavorida tomada de la mano de mi madre. Frente a mi había un mueble de mi abuela que seguramente es tan viejo como ella, el cual tenia puertas, repisas y costados de vidrio. Este mueble, al que llamamos vitrina, se separaba al menos 15 cm. de la pared debido al extremo movimiento lo cual me hizo reaccionar a estirar mi débil brazo y sujetarlo fuertemente contra la pared evitando que perdiera estabilidad y cayera al suelo quebrándose los vidrios que para mi seria peligroso puesto no me di el tiempo de colocarme zapatos. Al otro lado de esta vitrina vi que estaba mi madre de pie en medio del pasillo, manteniendo a mi hermana en la puerta de su habitación y sujetando también la vitrina. Un par de segundos después vi a mi abuela salir de su habitación con una linterna en sus manos que fue de gran utilidad, debido a que el terremoto provoco un corte de luz. Estando ya las cuatro juntas (Pues en mi casa vivimos solo cuatro mujeres) el terremoto termino después de tres minutos y medio que se hacen eternos para quienes lo viven. Nos quedamos todas en la sala, hasta ese momento estábamos todas tranquilas a excepción de mi hermana y mi temple estaba absolutamente sereno y sin miedo alguno. El miedo comenzó a aparecer cuando comenzamos a hacer el intento de comunicarnos pero las líneas telefónicas estaban fuera de servicio y no pudimos comunicarnos con ningún familiar, entonces mis preocupaciones habían comenzado, ¿Cómo estará Javier, mi tío, que vive en un séptimo piso? ¿Cómo estará Cristóbal, mi primo de tres años? ¿Cómo estará Catalina, mi tía embarazada con cinco meses? ¿Cómo estará José, que vive en un décimo piso? Estas y miles de preocupaciones mas hicieron que mi estómago se estremeciera de susto. Nunca en mi vida había estado tan preocupada ni había vivido un terremoto. Estos fueron los tres minutos de mi vida que marcaron cada minuto que seguía después de ellos.

27 de Febrero 8:42 A.M. Hora Local Viña del Mar, Chile
Me encontraba sentada en un sillón, no había dormido nada en toda la noche, sentía un horrible escalofrío con cada réplica y las náuseas debido a los nervios comenzaban a aparecer y hacer de las suyas. Mi abuela estaba sentada frente a mi en otro sillón, con mi hermana sentada en su regazo y completamente abrazada y arropada con frazadas y numerosas mantas para abrigarle. El sistema eléctrico seguía cortado y no teníamos cómo comunicarnos con algún familiar, puesto a que los celulares se habían descargado de tanto hacer el intento de llamar. El único celular aún funcionando era el de mi abuela, que aún mantenía la batería suficiente para recibir una llamada, así que decidimos esperar aquella llamada, estábamos muy seguras que alguien lograría llamarnos en cualquier momento, pronto las líneas telefónicas volverían a funcionar y nos llamarían. Así fue, recuerdo muy bien el momento en que finalmente el celular comenzó a sonar y todas se abalanzaron a tomarlo y contestar, una vez mi abuela contestó le pedimos que pusiera el altavoz. Entonces, escuchamos la voz de mi tío mayor. “Mamá, mamá ¿Estás ahí?”. Qué felices estábamos en ese momento. Preguntó cómo estábamos, le dijimos que bien, preguntamos si sabía algo del resto de la familia y guardamos silencio al notar que comenzaba su discurso. “Mamá, no te preocupes. Llamé a mis hermanos están bien. Juan Pablo y Rodrigo como viven cerca están juntos ahora, con los niños y todo bien. También llamé a José Pedro, el novio de la Vale, está bien también, solo con su hermana pero bien. La Caty y yo estamos bien, tuvimos complicaciones para salir del edificio pero ahora estamos en la casa de mis suegros. ¿Tú has hablado con alguien? ¿No? Dime a quién quieres que llame y te aviso en un rato. Ya dale, chao hablamos luego.”. Esa fue la única llamada en todo el día, pero al menos quedamos con la tranquilidad de que nuestra pequeña familia estaba bien. Después de aquello, todas nos fuimos a dormir.

No hay comentarios: