21 diciembre, 2010

Aroma a Manzana: Relatos

Capítulo IV: Relatos

Las siestas de Hyde lo mantenían aburrido el día completo y le dejaban impresionado las largas horas por las que Hyde podía dormir sin ningún problema, a menos que escuchara algún sonido inusual, en casos como ese despertaba de inmediato. De otra forma, no había cómo despertarlo, ni cómo mantenerlo despierto. Caía dormido a cada momento y eso lo hacía sentirse solo, a pesar de tener a su lado una adorable criatura durmiendo como un ángel… Y la gata. Pero no era lo mismo, el silencio lo mataba por dentro y hacía las horas más largas, a pesar de que sólo habían pasado tres desde que liberó al pequeño de las cadenas. Suspiró, comenzaba a desesperarse.

- ¿Qué pasa Gackt? -Gackt dio un salto de susto ante lo repentino que se le hizo aquello.
- Nada Hyde.
- ¿Entonces por qué suspiras?
- Solo estoy aburrido. -Volvió a suspirar.- Lamento haberte despertado. 
- Está bien.

Hyde, con enorme torpeza en los brazos, se acercó a Gackt y apoyó el rostro en su pecho, estirando una de sus extremidades para abrazarlo suavemente. El más alto correspondió al abrazo y rodeó la cintura de Hyde con suavidad, haciendo que el menor se acurrucara tiernamente y esta vez, fue Hyde quien suspiró, por lo que Gackt acarició su espalda con delicadeza.

- Me aburro.
- Si, yo también, pero ya me acostumbré.
- ¿Cómo es que te acostumbras a estar aburrido?
- ¿Cómo quieres que no me acostumbre estando encadenado y postrado en la cama? –Gackt guardó silencio, Hyde tenía razón.- Crees que estar encerrado a oscuras es horrible… Pero no tienes idea de lo que realmente es horrible.

Gackt sintió que Hyde decía aquello con odio, con todo el resentimiento que tenía y había sentido que cerró fuertemente sus puños, lo que le hizo sentir extremadamente mal. Era tan difícil estar con Hyde en ese tipo de situación, cualquier cosa podría dañarlo y por más que evitaba dañarlo no lo conseguía, en ocasiones como esa lograba hacerle daño sin querer y en otros momentos no se daba ni cuenta. Se enfadaba consigo mismo por eso y le dolía tanto el alma cada vez que lo hacía, Hyde de verdad no se merecía algo como eso. Volvió a suspirar y cerró sus ojos, mientras que el pequeño levantaba la mirada.

- Pronto saldremos Gackt, estoy seguro. –Ahora la voz de Hyde era consoladora. Por momentos pensaba que era bipolar.- No te martirices a ti mismo, de todas formas, no es tan malo.

Gackt tan solo observó al pequeño con una expresión de duda en el rostro. Bien sabía que Hyde había estado en peores situaciones y que la había pasado mucho más mal que él en esos momentos, pero le sorprendía que aún así digiera cosas como esas, le sorprendía que fuese tan abierto de sentimientos y pensamientos como para decir esas cosas. Más le sorprendía el hecho de que Hyde estaba completamente dispuesto a contestar lo que fuera que Gackt le preguntaba, por eso a veces prefería no preguntar. Le horrorizaba saber qué era lo que había ocurrido en ese mismo cuarto antes de que llegara.

- ¿Sabes? Te ves demasiado feliz a pesar de que estamos aquí… ¿Cómo lo haces? –Hyde sonrió dulcemente y lo observó con emoción.
- Es que antes de que llegaras había perdido la esperanza, ahora sé que lograré salvarme, por que estás aquí. -Eso a Gackt lo había enternecido de sobremanera, Hyde era demasiado tierno en ocasiones.
- Te sacaré de aquí apenas pueda pequeño. –Susurró acurrucando el rostro del menor en su pecho, suspirando después de unos segundos.- Y pensar que tuviste que esperar siete años para poder salir de aquí.
- Pues… He salido varias veces, pero como ves, no he logrado escapar.
- ¿En serio?

Gackt se impresionó con aquello, mientras que Hyde comenzaba nuevamente una de sus largas y dolorosas historias.

Durante los primeros días de encierro se le hacía fácil soltarse del amarre de cuerdas que tenía en las muñecas, por lo que un día en que los dolores corporales se disiparon se sentó a esperar a que el tipejo ese apareciera y en cuanto la puerta se abrió frente a él, se abalanzó rápidamente a golpear a su victimario, invirtiendo los papeles por unos instantes. Logró enviarlo a piso, se sentó sobre él y lo golpeó lo suficiente para aturdirlo. Entonces huyó, subió las escaleras, salió del sótano, corrió hacia al puerta de entrada con la mente completamente en blanco, no pensaba, sólo corría aterrado, la adrenalina corría fuertemente por sus venas, su corazón se aceleraba, sus ojos se humedecían, ¡Estaba a punto de salir! Al abrir la puerta y salir corriendo no alcanzó a llegar a la reja que daba a la calle pues sin darse cuenta estaba boca abajo en el suelo y con un dolor horrible en una pierna. Al voltear y ver qué sucedía se encontró con el perro mordiendo fuertemente su muslo, intentó zafarse pero eso sólo empeoraba las cosas, estaba sangrando y le dolía como el demonio. Intentó gritar, pedir ayuda, pero nadie venía, nadie iba a su rescate. Pasaron unos pocos minutos y quedó inconsciente. Al despertar, estaba nuevamente en aquel lugar, encerrado, amarrado y con la pierna vendada. Esta vez los nudos estaban mejor hechos, con un fuerte agarre, zafarse le costaría el doble de trabajo y tiempo que los nudos anteriores. 

- ¿Y qué pasó luego? -Preguntó un temeroso Gackt.
- Nada, ¿Qué va a pasar?
- ¿Hubo otra ocasión en que saliste de aquí?
- Si, pero… No precisamente por haber escapado.
- ¿Cómo es eso?
 


Con el paso del tiempo su victimario había aprendido la lección de que él jamás se daría por vencido y que siempre intentaría escapar, por lo que lo mantenía completamente inmóvil gracias a las cuerdas que amarraban sus brazos. Y así estaba el día en que llegó con un inesperado acompañante. Jamás había ido a visitarle con alguien más. Lo sentaron en la cama y ambos se sentaron a cada uno de sus lados. El tipo tenía un plato de comida en sus manos y lo movía haciendo que el olor se expandiera, lo que hizo que su organismo reaccionara, haciéndolo sentir un hambre tremenda. Le dieron de comer completamente en silencio, ni una sola palabra proveniente de ninguno de los tres y al haber terminado de comer se dio cuenta de que nuevamente le habían envenenado y dejado sin voz. En ese momento deseó no haber comido y supuso que la pasaría muy mal esa noche. 
 
El desconocido desamarró las cuerdas de la cama, mientras que él continuaba amarrado, entre ambos lo taparon con una chaqueta, procurando que las cuerdas no se vieran, lo pusieron de pie y lo hicieron salir de la casa.
En el estacionamiento junto a la casa esperaba un auto negro y dentro de este, otra persona más. Lo subieron en los asientos traseros del auto, junto a la persona que esperaba ahí, mientras que el otro desconocido se subía y quedaba a su otro lado. Su victimario mientras tanto se subía al asiento piloto y encendía el auto. Una vez todos listos, partieron. Durante el camino no logró observar nada pues los vidrios eran polarizados y no le dejaban ver al frente, le hacían bajar la vista y en caso de que no lo hiciera lo tomaban de los cabellos y lo obligaban a mantenerse cabizbajo. Cuando el auto se detuvo, el motor se apagó y pusieron el freno de manos, los tipos junto a él le pusieron lentes de sol, los cuales eran tan oscuros que al salir del auto no logró distinguir nada, a tal extremo, que debían guiarlo o chocaba con quizás qué cosas habían en aquel lugar. Caminaron unos minutos, durante los cuales pudo notar que le hicieron subir escaleras, mientras oía todo tipos de ruidos. De seguro aquello era una fiesta o algo por el estilo. 

 
Al momento en que se detuvieron, escuchó una puerta cerrarse y le sacaron los lentes y la chaqueta. Pudo notar de inmediato que estaba en un cuarto, pequeño pero lujoso. De inmediato lo sentaron en la cama y se pusieron frente a él, mientras que el desconocido sacaba una pistola. Ante aquello tragó saliva, aterrado, creyendo que quizás ese día lo matarían. El tipo le entregó la pistola a Hiroshi, quien se acercó y agachó para quedar con el rostro frente al suyo.

- Escúchame bien niño, te vamos a soltar, pero no quiero que hagas ninguna tontería, vas a obedecer todo lo que te diga o si no, ya sabes, jalaré del gatillo y haré explotar tu cabeza, ¿Entiendes?

Eso le hizo tiritar de miedo, no solo por el hecho de que lo matarían si intentaba escapar o algo, si no por que mientras hablaba el tipo jugueteaba con la pistola de una mano a otra, sin cuidado. Inconscientemente asintió con la cabeza, respondiendo la pregunta del otro, por lo que de inmediato comenzó a sentir que las cuerdas se aflojaban. Tenía miedo, moría de miedo en esos momentos, no sabía qué era lo que le harían en esa ocasión, aunque estaba seguro de que lo violarían, de nuevo, pero esperaba que fuera sólo eso. En cuanto estuvo desatado inmediatamente se acarició los brazos pues le dolían y estaban heridos debido a las cuerdas. Pero en cuanto levantó la vista vio la pistola frente a él, apuntándolo. Nuevamente tiritó y tragó saliva con dificultad.

- Quítate la ropa. -Hyde negó con la cabeza, rogando piedad con la mirada.- ¡Quítatela!

Ante tal grito reaccionó torpemente y comenzó a quitarse lentamente la chaqueta, manteniéndose cabizbajo, por lo que no alcanzó a fijarse cuando el tipo junto a si le jaló a chaqueta fuertemente, quitándosela en menos de un segundo, acercándose luego para bruscamente quitarle la camisa. Se abrazó a si mismo al quedar a torso desnudo y levantó la mirada en busca de piedad, dejando caer sus silenciosas lágrimas, pero eso no funcionaba con ellos, esa mirada sólo hizo que Hiroshi cargara la pistola, mientras que aún le apuntaba. Ante aquello bajó la mirada con rapidez, temiendo por su vida. El otro tipo mientras tanto se acercaba y sin vergüenza alguna lo empujó fuertemente para dejarlo acostado en la cama, tomando sus pantalones y jalando con fuerza para quitarlos. En pocos segundos ya estaba desnudo frente a ambos, abrazándose a si mismo mientras encogía las piernas, en un intento vano de protegerse. Luego, le ordenaron que se pusiera boca abajo en la cama y levantara las caderas y, estando frente a la pistola, no tuvo otra opción y lo hizo, se puso boca abajo y levantó las caderas, estando apoyado en sus rodillas, mientras que estiraba lo brazos para sostener su cuerpo, quedando su espalda en posición horizontal. Entonces escuchó el sonido de la puerta que se abría y una cuarta persona que se acercaba. Los nervios aparecieron, ¿Qué iban a hacerle? Tenía miedo, mucho miedo. 

 
 Repentinamente escuchó un sonido metálico y se preguntó qué era, pero no alcanzó a llegar a una conclusión cuando sintió que unas manos tomaban sus caderas y le penetraban con violencia e inmediatamente comenzaban un lujurioso vaivén. Si hubiese podido, hubiese gritado de dolor hasta rasgarse la garganta, pero lo único que podía hacer era llorar en silencio y esconder la cabeza entre sus codos, ya que sus brazos flaquearon. En esa posición, abrió los ojos levemente, intentando observar a la persona que le violaba en esta ocasión, pero solo lograba ver a Hiroshi apuntarle con la pistola, por lo que supuso que el otro hombre se había ido, pero no era así, se dio cuenta de eso cuando su cabello fue jalado fuertemente y le levantaron el rostro. Ahí estaba aquel tipo, jalándole los cabellos mientras ambos se observaban. El veía al pequeño con mirada fría, maliciosa, mientras que el menor pedía a gritos compasión a través de sus ojos expresivos y llorosos, pero pareciera que eso sólo los complaciera más por que vio cómo el tipo sonreía de medio lado, llevaba una mano a su pantalón y lo bajaba, mientras que el tragaba saliva con dificultad, preparándose psicológicamente para lo que estaba seguro que sucedería, y así fue, el tipo introdujo toda la extensión de su miembro en la boca del menor, comenzando luego con un movimiento en vaivén. Hyde mientras tanto lloraba desconsoladamente, pedía a Dios un poco de compasión y se preguntaba los mil y un por qués. Sentía asco, tenía arcadas, deseos de vomitar y una enorme repugnancia por aquellos hombres que le ultrajaban. Pero lo peor era que no acababa jamás, cada vez que el tipo segregaba su semen dentro de él, lo tocaba con perversión hasta que nuevamente su glande se hubiese endurecido y ahí iba y lo volvía a penetrar, y Hyde cada vez que sentía aquellos fluidos en su interior se estremecía y aguantaba las náuseas, sintiéndose asqueroso. Y peor era cuando el glande en su boca eyaculaba, por que debía tragarse todo lo que de él saliera. 
Finalmente ambos se aburrieron y en cuanto hubiesen eyaculado ya quizás por cuánta vez,  se alejaron, arreglaron sus ropas y se fueron, dejándolo ahí, postrado en la cama completamente adolorido y sucio, retorciéndose entre su desgracia y llorando, y desgraciadamente, no pasaron ni cinco minutos cuando otros dos hombres entraron a la habitación, e hicieron lo mismo, y así fue toda la noche, en la que entre llanto y dolor, logró contar al menos treinta y dos personas que entraron a esa habitación a hacer de las suyas con su cuerpo, lo recordaba todos los días, como un infierno dentro de si mismo y se preguntaba cuál había sido el error que cometió para merecer tal castigo. Se sentía solo, apagado, desgraciado, asqueroso, se sentía como un trapo, como una muñeca con la que todos juegan y hacen lo que desean, se sentía arrugado como un papel usado y desechado. Pedía a Dios algo de ayuda, pero como siempre, él no respondía y se lamentaba eternamente. Estaba adolorido, casi inmóvil debido a eso, no sentía sus piernas, tenía espasmos y sentía cómo su sangre corría por sus muslos, mezclada con... 


- Hyde...  -Gackt interrumpió la historia del menor, aguantando la impotencia.- Mejor sigue con otra historia
- Lo siento. 


Estaba durmiendo, exhausto, intentando descansar de las excesivas veces en las que debía tener sexo en contra de su voluntad, cuando repentinamente la luz de la habitación se encendió y pocos minutos después la puerta del cuarto se abrió de golpe. Levantó un poco la vista para ver cómo un hombre desconocido entraba al lugar cargando a una mujer en sus brazos. Lo primero que sintió fue miedo, terror, pero al momento en que el tipo dejó caer de forma violenta el cuerpo de la chica a su lado y se fue, se sorprendió de sobremanera. ¿Qué significaba eso? Tragó saliva, pensando que quizás en un rato volvían y algo harían. Pero no fue así, la luz se apagó y nadie volvió, al menos ese día. 
 Entonces observó a la chica junto a si, no se movía, sólo lograba escuchar leves sollozos y ver sus enredados cabellos negros tapar su rostro. Pensó en hablarle, pero no sabía qué decir, ella lloraba, escondiendo su rostro, y él no sabía cómo ayudarle, si es que podía. En eso, comenzó a examinarla con la vista. Sus brazos estaban llenos de cicatrices, iguales a las suyas, lo que le hizo deducir de inmediato que se debía a cuerdas o cadenas, luego en sus senos, alrededor de los pezones y la areola se veían marcas de mordiscos, y al bajar un poco más por su cuerpo, pudo notar algo que lo preocupó de sobremanera.


- Dios mío, estás embarazada... -Susurró, siendo completamente ignorado.


 Inmediatamente comenzó a forzar uno de los nudos que mantenían amarradas sus muñecas y después de un arduo trabajo desesperado logró soltar una mano, la cual llevó de inmediato a liberar la otra para poder sentarse y observar mejor a la chica. Ella era igual de víctima que él. Posó suavemente una de sus manos en uno de los hombros femeninos y acarició suavemente, a lo que la chica levantó levemente el rostro, viendo a Hyde con una mirada perdida, entristecida. El pequeño tan solo le sonrió a modo de consuelo y se estiró para alcanzar las mantas que estaban amontonadas a los pies de la cama, jaló de ellas y tapó suavemente el cuerpo de aquella mujer, mientras que ella no comprendía por qué Hyde hacía tal cosa, lo observaba anonadada.


-  ¿Qué estás...?
- Te vas a enfermar si no te tapas, estás helada.  


Después de haberla cubierto con las mantas se recostó junto a ella y acarició suavemente el levemente abultado vientre ajeno, posando su mano sobre este por un buen rato, mientras que ella tan solo se dejaba, observando a Hyde como si fuera la primera vez en la vida que recibiera aquel tipo de contacto. Se mantuvo así por un buen rato, hasta haber sentido una pequeña patada, lo cual para él significaba una señal de vida. 


- ¿Cuantos meses tiene? -Susurró suave.
- Cinco. -Eso a Hyde le dolió, a los cinco meses, debería estar mas abultado.  
- ¿Cómo te llamas?
- Midori, ¿Y tu?
- Hideto, pero puedes decirme Hyde. 


Desde que Midori llegó, las cosas habían mejorado ligeramente, y empeorado, dependiendo de qué punto de vista se viera lo que ocurría. Desde que llegó, los mantenían a ambos bien alimentados, las violaciones disminuyeron, sus ánimos subieron y tenía una grata compañía, la de una lesbiana, pero era mejor que nada, ¿No?


- ¿Era lesbiana? -Gackt siempre interrumpía.
- Si, se hizo lesbiana por que odia a los hombres debido a lo que estos tipos le hacen... 
- Oh, ya veo...


Esos meses fueron hermosos, pero lo único con lo que debía cargar, era de los cuidados de aquella chica, que no tenía más de catorce años y al haber crecido en "cautiverio" no sabía absolutamente nada de lo que le ocurría. Pero podía lidiar con eso, y así hizo, hasta que el niño nació, y gracias a Dios los tipos estaban en la casa para cuando eso sucedió. No le hubiese gustado haber tenido que traer el niño a este mundo, no en las condiciones que vivía. 


- ¿Volviste a saber de ella?
- No... Espero esté bien. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

MOU!!!!! Nakumi del mal!!! >.<!! me dio mas penaaa!!!! awwww!! escribes malditamente bn!! a pesar de q me da mas pena leer ste fic, quiero saber mas!!! aww!! escribe mas, monga!! tkm!! cuidate^^!

Fururu-chan ^^!

Anónimo dijo...

TT____________TT . . . . .nakumiiiiiii!!!!
pobreeeee!! enanooooo!!!!!! ;O; . . . . .
me da miedooo leer este fic a veces xD
esk le hicieroon de tooooo >o<
actuliza pronto porfiiis *0*
kiero seguir leyendooo!!!!! (apesar k se recontraviolen a hyde u_u)
bye!!

Qamui