Capítulo VI
Otro día en el trabajo exactamente igual al anterior, aburrido, tranquilo y poco trabajo. Solo que sin visitas inoportunas. Este día Tetsu sí había cumplido y había ido él personalmente a dejarle el almuerzo al pequeño Hyde y le había acompañado mientras comían. Después del berrinche del día anterior y de haber hablado con Gackt para saber qué ocurrió, prefirió no volver a hacer la misma travesura. Una vez Tetsu se fue, la tarde pasó, el reloj dio las cuatro de la tarde y Hyde salió de la biblioteca, decidió ir al cine y ver unas cuantas películas. Sin saber que desde que salió de la biblioteca había cierta persona observándolo, es más, siguiéndolo.
Como siempre, compró un boleto de cine y entró a ver la película de momento, perdiéndose en el argumento de ésta. Una vez que terminó, se aprovechó de su pequeñez para esconderse entre las butacas y evadir a los guardias de seguridad y al personal del aseo. Así se mantuvo la tarde entera hasta que el cine se cerró, por lo que debió salir. Esta vez, sí traía su reloj consigo, por lo que pudo notar que eran las nueve de la noche una vez que, como la vez anterior, quedó casi ciego al salir a la calle.
Volvió a encaminarse por las calles de Shibuya completamente perdido en sus pensamientos, los cuales no iban en torno a las películas como debería ser. Sí, pensaba en Gackt, sin poder sacárselo de la cabeza como deseaba hacerlo. Se volvía adictivo, en cierta manera.
De forma simultánea, había alguien que lo esperaba a lo lejos. Desde su posición, podía ver a unas cuantas calles de distancia cómo caminaba vacilante, con las manos en los bolsillos y mirada baja, dejando su suelto y largo cabello a merced del viento. También comprendió cómo fue que hizo para salvarse en las otras calles. Iba tan perdido en sus pensamientos que ni cuenta se daba cuando cruzaba la calle junto con un tumulto de personas y, como el día en que lo conoció, lo tomó del brazo y lo detuvo en la misma calle que la vez anterior. Esta vez no lo soltó. Hyde, sorprendido, levantó la mirada y pudo ver nuevamente esos lentes oscuros y una sonrisa burlona.
- ¿Qué haces? -Preguntó una vez logró salir de sus enredados pensamientos.
- Te salvo la vida, por segunda vez. -Rió suavemente, viendo cómo Hyde observaba a su alrededor, analizando la situación y, efectivamente, sí, estaba salvándole la vida nuevamente.
- G-Gracias... -Murmuró medio perdido.
- No es nada. -Recién había soltado el brazo del más bajo.- ¿Siempre te ocurre que te salvan la vida en esta esquina?
- ¿Eh? No, digo... ¿Qué pretendes?
- ¿Pretender? Nada. Solo soy un buen ciudadano. -Sonrió de medio lado, con el ego inflado.
- Claro, ¿Se supone que crea eso? A mí se me hace que planeaste esto...
- ¿Planearlo? ¿Cómo crees?
- Entonces, ¿Qué hacías aquí?
- Iba camino a mi cafetería favorita, ¿Me acompañas?
- Claro...
- Te salvo la vida, por segunda vez. -Rió suavemente, viendo cómo Hyde observaba a su alrededor, analizando la situación y, efectivamente, sí, estaba salvándole la vida nuevamente.
- G-Gracias... -Murmuró medio perdido.
- No es nada. -Recién había soltado el brazo del más bajo.- ¿Siempre te ocurre que te salvan la vida en esta esquina?
- ¿Eh? No, digo... ¿Qué pretendes?
- ¿Pretender? Nada. Solo soy un buen ciudadano. -Sonrió de medio lado, con el ego inflado.
- Claro, ¿Se supone que crea eso? A mí se me hace que planeaste esto...
- ¿Planearlo? ¿Cómo crees?
- Entonces, ¿Qué hacías aquí?
- Iba camino a mi cafetería favorita, ¿Me acompañas?
- Claro...
Hyde no se había quedado convencido con esa respuesta, pero aceptó acompañar al mayor sin saber por qué, simplemente aceptó y sin querer admitírselo siquiera a sí mismo, estaba emocionado. No tanto así Gackt. Él tenía muchas dudas aún sobre lo que sentía. Pero, sabía que sentía algo, pero no sabía qué era. Se sentía extraño. Caminaron tranquilamente en silencio en dirección a la cafetería que el mayor decía ser su favorita y una vez llegaron, Hyde no le encontró nada de especial, era tan solo una cafetería común y corriente en mitad del centro. Eso le hizo pensar que Gackt se había escusado con eso para no admitir que lo esperaba en la esquina, lo que no sabía es que era cierto.
Pasaron a sentarse en una mesa en la parte interna del lugar, esperaron un par de minutos, en silencio, hasta que una camarera se les acercó.
- Buenas noches, ¿Que van a pedir?
- Quiero un café express, por favor. -Se adelantó Gackt, observando luego a Hyde.- ¿Tu que vas a pedir? Yo invito.
- ¿En serio? ¿Puedo pedir lo que quiera?
- Claro, de eso consta el "Yo invito"
- Está bien. -Sonrió y observó a la camarera con un deje de travesura.- Quiero una porción de pastel de chocolate y un jugo natural de naranja.
- Claro, en seguida traigo su pedido. -La camarera se retiró, dejándolos solos nuevamente.
- Cualquiera diría que ese pedido es para un niño de seis años.
- ¿Y? Da igual lo que piense la gente. -Sonrió ampliamente.
Así continuaron, con una amena y divertida conversación entre ambos, riendo y compartiendo de una manera impresionante. Hasta que llegó la camarera.
- Aquí tienen. -Dijo mientras dejaba las cosas sobre la mesa.
- Gracias. -Dijo Hyde mientras le sonreír.
- No es nada, señorita.
Entonces, la camarera se retiró a continuar con su trabajo. Hyde, se quedó boquiabierto y con el ceño fruncido, odiaba que le ocurriera eso, más aún en público. Gackt mientas tanto, se aguantaba una risa que de seguro sería a carcajadas, pero por ningún motivo la dejó salir al tener sobre sí la mirada fulminante de Hyde.
Continuaron su charla, disfrutaban de lo que habían pedido, reían constantemente y los minutos pasaban tan rápidamente que, al terminar su porción de torta, Hyde recién había notado en su reloj de pulsera la hora que era. De alguna manera habían pasado dos horas. Sí, eran las once de la noche y seguía ahí con Gackt, charlando y sin desear irse. Pero no podía ser eterno, luego de unos minutos Gackt decidió que era hora de marcharse, pagó a la camarera lo que habían pedido y salieron de la cafetería.
Hyde, dispuesto a tomar un taxi se despidió de Gackt on un gesto de manos y volteó para cumplir lo que pensaba. Pero no alcanzó a dar un solo paso cuando Gackt lo detuvo y, después de unos minutos más convenciéndolo, logró que Hyde aceptara en que él lo iría a dejar hasta su hogar. Entonces, se encaminaron hacia un estacionamiento público a unas calles de ahí, completamente lejos de la esquina en que se encontró con él, por cierto. Subieron al auto y Gackt dejó a Hyde en la puerta del hostal.
Una vez entró en el hostal, estaba todo completamente oscuro. Subió silenciosamente al segundo piso y pudo notar que las luces de las habitaciones estaban todas apagadas, excepto la de su cuarto, lo cual le pareció extraño. Se acercó y trató de escuchar si había alguien adentro, pero no logró oír nada, por lo que entró con tranquilidad y repentinamente se encontró con Tetsu frente a si.
- ¿Cómo es que llegas a esta hora? -Parecía preocupado.
- Lo siento, me encontré con Gackt y... -No pudo continuar, Tetsu le había interrumpido.
- ¿Con Gackt? ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Ustedes se gustan! ¿Tuvieron una cita? ¿Cómo les fue? ¿Qué hicieron? ¡Cuéntame todo!
Ante eso, Hyde no pudo evitar sonrojarse. Quizás sea hora de admitir que sí le atraía y, en efecto, le gustaba. Tomó asiento junto con Tetsu en la cama y se dedicó a contarle lo sucedido. Una vez terminó, Tetsu parecía más que emocionado.