Desde niña siempre me ilusionaba con que algún día conocería
la nieve, en que podría tocarla y sentir su frío en mis manos. Soñaba con que
algún día vería caer la nieve desde mi ventana. Pero esos eran solo los sueños
de una niña que se contentaba con verla en televisión, pues en donde vive es
casi imposible que nevase.
Doce años más tarde estoy viviendo con mis tíos, en
Santiago, donde cada mañana amanece con un frío horrible y que se dispersa a
medio día, para volver con toda su fuerza a las siete de la tarde. Pero hoy no
fue así.
Amaneció lloviendo, con el cielo oscuramente cegado por las
nubes y una cordillera con sus cumbres
escondidas tras las nubes que no dejaban de llorar sobre nosotros. Comenzó a
ritmo lento, y la temperatura comenzó a bajar, por eso yo estaba acostada, en
el cuarto de mis tíos, con la cama tibia y la estufa prendida, un café con
leche entre mis manos y una comedia de humor norteamericano en la televisión.
Entonces se cortó la luz.
Por un momento pensé que debía estar lloviendo fuerte para
que se cortase, pero el sonido de mi móvil interrumpió mis pensamientos.
Contesté, y mi tía, con su voz alegre y medio traviesa me advirtió de lo que
estaba realmente pasando. “Asómate a la ventana”, dijo ella. Me puse las
pantuflas y caminé hasta el cuarto de junto, donde la ventana daba a la calle.
Observé a través del vidrio y vi caer la lluvia. “Está lloviendo”, le contesté.
“¿En serio? Aquí está nevando, allá lueguito comenzará a
nevar” En el momento no lo creí, sonreí de medio lado y pensé que era una
broma. Pero apenas dos minutos después de cortar la llamada, vi pasar frente a
mis ojos una capa de copos de nieve que caían en el asfalto y se deshacían en
agua. Pasados los minutos comenzó a armarse de fuerzas, y los copos caían unos
sobre otros. Por primera vez en mi vida, vi caer la nieve. Estaba nevando, y yo
estaba llorando de felicidad, había cumplido ese sueño infantil de disfrutar de
aquello que en su momento tanto anhelé.
18 de Agisti de 2011, Las Condes, Santiago.
1 comentario:
Tengo ese sueño también.
Aunque puede que yo muera sin conocer la nieve.
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