19 agosto, 2011

Snow Drop


 Desde niña siempre me ilusionaba con que algún día conocería la nieve, en que podría tocarla y sentir su frío en mis manos. Soñaba con que algún día vería caer la nieve desde mi ventana. Pero esos eran solo los sueños de una niña que se contentaba con verla en televisión, pues en donde vive es casi imposible que nevase.
Doce años más tarde estoy viviendo con mis tíos, en Santiago, donde cada mañana amanece con un frío horrible y que se dispersa a medio día, para volver con toda su fuerza a las siete de la tarde. Pero hoy no fue así.
Amaneció lloviendo, con el cielo oscuramente cegado por las nubes y una cordillera con sus  cumbres escondidas tras las nubes que no dejaban de llorar sobre nosotros. Comenzó a ritmo lento, y la temperatura comenzó a bajar, por eso yo estaba acostada, en el cuarto de mis tíos, con la cama tibia y la estufa prendida, un café con leche entre mis manos y una comedia de humor norteamericano en la televisión. Entonces se cortó la luz.

Por un momento pensé que debía estar lloviendo fuerte para que se cortase, pero el sonido de mi móvil interrumpió mis pensamientos. Contesté, y mi tía, con su voz alegre y medio traviesa me advirtió de lo que estaba realmente pasando. “Asómate a la ventana”, dijo ella. Me puse las pantuflas y caminé hasta el cuarto de junto, donde la ventana daba a la calle. Observé a través del vidrio y vi caer la lluvia. “Está lloviendo”, le contesté. 

“¿En serio? Aquí está nevando, allá lueguito comenzará a nevar” En el momento no lo creí, sonreí de medio lado y pensé que era una broma. Pero apenas dos minutos después de cortar la llamada, vi pasar frente a mis ojos una capa de copos de nieve que caían en el asfalto y se deshacían en agua. Pasados los minutos comenzó a armarse de fuerzas, y los copos caían unos sobre otros. Por primera vez en mi vida, vi caer la nieve. Estaba nevando, y yo estaba llorando de felicidad, había cumplido ese sueño infantil de disfrutar de aquello que en su momento tanto anhelé. 

18 de Agisti de 2011, Las Condes, Santiago. 

1 comentario:

Eddy Juárez dijo...

Tengo ese sueño también.
Aunque puede que yo muera sin conocer la nieve.