Estaba oscuro. Todo estaba oscuro. Sentía una opresión enorme en su pecho, le costaba respirar. Era horrible, jamás en su vida se había sentido tan mal, incluso cuando… Suspiró, o al menos eso creyó que lo hizo. O más bien, eso le hubiese gustado hacer, por que no podía hacer nada. Sentía como si su cuerpo estuviese tieso, como si estuviese muerto, incapaz de moverlo o sentirlo. Incluso se preguntaba dónde estaba su cuerpo, por que ni siquiera podía verlo. De hecho, no podía ver nada. Todo estaba oscuro. Y como si fuera acto de magia, logró divisar algo, la luz vino a él y vio algo. ¿Qué era? Una cama. Una cama de sábanas blancas, desordenadas por completo. Se notaba con aquello que la cama no había sido hecha en mucho tiempo y que las sábanas estaban bastante sucias. Manchadas con sustancias de dudosa procedencia. Sonrió ante su cinismo. Sabía muy bien de qué estaban manchadas esas sábanas, pero dolía recordarlo. Dolía verlo. Todo dolía. Aquella no era cualquier cama. Era aquella cama donde miles de veces fue violentamente violado. Ferozmente violado. De solo recordarlo le dolía en el alma. Todo dolía. Pero lo que más dolía era recordar, por eso quería olvidar, olvidar todo. Absolutamente todo. Esa sería la única manera de parar su sufrimiento. De eso estaba seguro.
Repentinamente escuchó pasos, pasos que le asustaron, pasos que conocía, que sabía quién venía de tan solo escucharlos. Sintió miedo, mucho miedo y el sonido de una puerta abrirse. La puerta de aquella cámara de tortura en la que fue esclavizado al sexo por años, se abrió, mostrándole aquel rostro que por años se rió de él en su cara y le hizo sufrir de muchas maneras. Y allí estaba de nuevo, sonriendo maliciosamente, ideando algún otro plan para hacerlo sufrir. ¡Mierda! ¿En qué momento apareció él en la cama? ¿Cómo era que podía verse a sí mismo sobre la cama? ¿Qué era lo que estaba pasando? ¡¿Qué era lo que estaba pasando?! Vio cómo Hiroshi sacó de un cajón una cadena hecha de alambres, ¿De alambres? ¿Esos eran alambres? ¿Qué iba a hacer con eso? El muy maldito las levantó y se las mostró. Más bien, se las mostró a quien estaba en la cama, que extrañamente era él mismo, porque habían dos Hyde en esa habitación, por extraño que pareciera. Él mismo vería cómo lo violarían. Aquello era aterrador. Pensó en acercarse, en hacer algo por si mismo y salvarse. Y extrañamente pudo, ahora sentía su cuerpo y se acercaba a su victimario para detenerlo y acabar con su sufrimiento. Pero no podía tocarlo. Lo traspasaba. Se miró las manos y se sorprendió ante el hecho de que podía ver a través de ellas. ¿Qué significaba aquello? ¡¿Acaso estaba muerto?! ¡¿Era un fantasma?! Quiso llorar, pero no pudo, ¡Estaba muerto! Volvió a observar al hombre con la cadena, que amarraba sus manos, o las de quien estuviese en la cama. Luego se ponía entre sus piernas, lo tomaba de las caderas y… No pudo mirar, volteó la vista, sintiendo nuevamente el dolor que sentía cada vez que le violaban, y escuchando esos gritos desgarradores que siempre daba cuando eso ocurría. Pero no estaba gritando. ¿Quién gritaba? Abrió los ojos y claro, el Hyde que estaba en la cama era quien gritaba, echando su cabeza hacia atrás mientras lloraba. Llorar era lo único que sabía hacer, ¿Había algo más que hacer en un momento así? Lo dudaba.
Se acercó a si mismo, y se agachó junto a la cama para ver su propio rostro de cerca, aquel rostro que echaba hacia atrás y gritaba de dolor, tanto físico como emocional. No veía bien, se veía todo borroso, pero ahí estaba, llorando como siempre mientras era ultrajado, una vez más. Pero entonces sintió que algo no andaba bien, se puso de pie y observó al violador. Estaba diciendo algo, pero no le entendía, murmuraba enfadado. Se acercó e hizo el esfuerzo de entenderle. Le estaba hablando al chico que violaba, a él. Decía cosas que no comprendía, hasta que se dio cuenta de que esa violación jamás la había vivido en verdad, ¡Claro! Por eso el tipo decía lo que decía, por eso decía “¡Maldito hijo de puta, tu y tu amigo me las van a pagar!” Decía eso y mucho más. Entonces vio en su cabeza una cicatriz. ¡Por supuesto! Era la cicatriz del golpe que Gackt le había dado con aquel viejo bate. Aquella escena se le hacía tan extraña, no comprendía qué era lo que estaba pasando. ¿Cómo podía estar muerto y vivo a la vez? Observaba sin comprender nada. ¿Qué había pasado cuando se desmayó? ¿Dónde estaba Gackt? Esas y muchas preguntas más pasaban por su mente, mientras era violado una vez más. ¿Acaso estaba en el infierno? ¿Por qué estaba en el infierno? ¿Cuál era el pecado que cometió? ¿Por qué él y no el villano de la historia? ¿Por qué los inocentes deben ir al infierno? ¿Por qué tenía que sufrir tanto? ¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¿Ese sería su castigo eterno? ¿Ver cómo era violado una y otra vez?
Se desesperó, no podía soportar aquello, llevó ambas manos a su cabeza y cerró sus ojos con fuerza. Entonces el silencio retornó en la habitación. Era un silencio tranquilizante en primera instancia, pero luego, se volvía enloquecedor. Extrañado abrió los ojos y se vio a si mismo nuevamente. Estaba arrodillado en el suelo, junto a la cama, apoyando su rostro y brazos sobre esta y con la sábana rodeando sus caderas y tapando sus piernas. ¿Qué había pasado? ¿Hiroshi de había ido y lo había dejado tirado en el piso? Extrañado, se acercó y sentó en la cama junto a si, observándose, escuchándose llorar desconsoladamente… ¿Lloraría de dolor por el resto de su vida? Pero, ¿Qué vida? ¿Eso era vivir? No entendía por qué le amparaba tanta mala suerte, tanto dolor, tanto sufrimientos, tanta miseria. ¡Quería salir de ese lugar! Por que solo le recordaba cosas que quería olvidar. Si, quería olvidarlo todo, ser feliz fuera de esa miseria. Comenzar una vida nueva, al lado de Gackt… ¿Dónde estaba Gackt? Observó a su alrededor en su búsqueda, pero no había ninguna señal de él. Era como si no existiera, no había rastro de él en aquella habitación. Por eso pensó en salir, buscar una salida. Corrió hacia la puerta e intentó salir, pero al intentar abrirla mientras avanzaba chocó de golpe en ella. No se abría. Era imposible abrirla. Nuevamente estaba encerrado. Una vez más, estaba condenado al encierro. Apoyó la frente en la puerta y no pudo evitar el llanto, golpeando con el puño a un lado de su cabeza. Entonces, escuchó que el otro llanto, cesó. El otro el había dejado de llorar. ¿Se habrá muerto? Curioso, volteó el rostro y se vio a si mismo, observándose ambos. Pero el hecho de que el otro Hyde, el que estaba en el suelo cubierto con una sábana, no tenía rostro, lo petrificó por completo, ¿Acaso él también estaba muerto? ¿Qué significaba?
Se aterrorizó, quiso salir, huir, gritar. Volteó de nuevo hacia la puerta, tratando de abrirla con desesperación, golpeándole lo más fuerte que su histeria y descontrol le permitían. Y repentinamente, en una de las veces que golpeó, cayó de frente al suelo. La caída le dolió, sobretodo el golpe con las manos que dio en el suelo para evitar el golpe en la cara. Menos mal alcanzó a reaccionar. Observó a su alrededor. La puerta y toda la habitación habían desaparecido, y ahora estaba en un extraño pasillo oscuro, con una luz al final. Se puso de pie y corrió lo más rápido que pudo hacia la luz. No le importaba lo que la gente diga, eso de “La luz al final del túnel es la muerte”. Que no jodan, esa luz era su salvación, y para poder salvarse debía correr, correr lo más rápido que pudiese. ¡Estaba tan cerca! ¡Ya casi llegaba! Y cuando llegó sintió una brisa que le llegaba de pleno en la cara. Abrió sus ojos y se dio cuenta de que esa brisa era por que iba cayendo. Nuevamente estaba aterrorizado. ¿Cómo era que iba cayendo? ¿Cómo pasó eso? ¡¿Cómo pasó?! Lo único que pudo hacer en ese momento, fue desahogarse por completo con un estruendoso grito. Gritaba fuertemente, casi haciéndose sangrar la garganta. Y al estar cerca del suelo, cerró sus ojos con fuerzas.
Luego observó a su alrededor. Estaba en algún tipo de parque, repleto de árboles con delgados troncos y hojas otoñales, donde cada árbol estaba bastante alejado del resto, permitiendo así una buena vista de toda la extensión del lugar. Además, pudo notar que habían grandes charcos de agua por todo el lugar. Era como un estilo de parque, el cual no tenía mas que árboles y charcos. Ni un solo ser viviente en todo el lugar. Ni siquiera una ardilla, una mosca o una hormiga. Solo el, solo Hyde, aunque dudaba si estaba vivo o no. ¿Qué era todo lo que estaba pasando? ¿Acaso estaba en el infierno? Sintió entonces una fuerte brisa pasar, llevándose con ella un montón de hojas.
Comenzó a caminar con bastante inseguridad, abrazándose a si mismo, temiendo por lo que estuviera por venir, pisando hojas secas que habían caído de los árboles, estremeciéndose ante el ruido que estas hacían. Tenía miedo, estaba inseguro y se sentía solo. Más que nunca. Y para empeorar, una suave brisa tenebrosa comenzó a soplar, la cual venía desde sus espaldas y levantaba pedazos de hojas y veía cómo estos se perdían a lo lejos entre la niebla que comenzaba a aparecer. Aquello le asustaba de sobremanera, hacía que sus bellos se erizaran y, por mera ansiedad, volteó para asegurarse de que nadie le estuviera siguiendo, a pesar de que no había nadie allí… O eso creía. Y así fue, no vio nada, por lo que volteó nuevamente para seguir su camino y casi se le salió el corazón de lo que vio. Un leopardo, de ojos azules, observándolo fijamente a los ojos, comenzando a caminar a su alrededor de forma intimidante y mostrando sus colmillos. Mientras, su corazón aún se mantenía latiendo a mil por hora. ¿Qué hacer? ¿Correr? ¿Quedarse quieto? ¡¿Enfrentarlo?! Ver aquella fiera frente a si le recordó a cuando aún iba a la escuela y leyó el Canto Primero de la Divina Comedia. Era tal cual Dante lo describía: Un Infierno.
No supo qué hacer en ese momento y no reaccionó hasta que la fiera comenzó a acercarse lentamente hacia él. Entonces su mente se puso en blanco y sin saber cómo, su cuerpo reaccionó a voltear y correr, correr lo más rápido que su cuerpo se lo permitía, con los ojos cerrados y temeroso de detenerse o de mirar hacia atrás. Pero tropezó y el golpe en el suelo le hizo abrir los ojos y ver hacia atrás. No había nadie, nuevamente. El leopardo desapareció, o lo dejó atrás, lo cual era poco probable. Se puso de pie lentamente, limpiando luego sus ropas que se ensuciaron con polvo y pedazos de hojas. Fue entonces cuando notó que estaba en un lugar bastante diferente al anterior. Los árboles a su alrededor creaban una especia de pasillo, por el cual había un sendero de tierra. En este, una banca para sentarse, por lo que se acercó y tomó asiento en ella, observando más detalles a su alrededor. Al final del sendero no se divisaba nada más que una brillante luz proveniente de más allá de los últimos árboles que alcanzaba a divisar y, repentinamente, pudo notar una sombra. No, más bien, era una silueta, una silueta humana. ¿Podrá ser Gackt que había venido por el?
Se puso de pie con emoción, con el corazón acelerado de felicidad. ¡Gackt había venido por el, estaba seguro! Corrió sendero arriba a su encuentro, llorando de la emoción que sintió por saber que su amado había ido por el, y mientras se acercaba, lo divisaba cada vez mejor, ¡Era el! ¡Era el! ¡Estaba allí por el! Dios, qué feliz estaba. Cada metro que se acercaba podía verlo mejor. Pero no llegaba a su lado, por más que corría y corría. ¿Qué pasaba? ¿Por qué ahora Gackt se alejaba? ¡No Gackt, no te vayas! La desesperación comenzaba a florecer, no sabía qué ocurría, ¿Por qué ocurría esto? ¿Por qué su ida se basaba en desgracias? Pero… ¿Estaba vivo en realidad? Se detuvo. ¿Cómo saber que entonces, ese era de verdad el Gackt que conocía? Por que si estaba muerto, era imposible que él y Gackt estuviesen en la misma dimensión, o en el mismo lugar, ¿O acaso Gackt estaba muerto también? Observó nuevamente sendero arriba, la sombra de Gackt continuaba allí, dos lágrimas cayeron por su rostro, se agachó y se escondió el rostro entre las rodillas, abrazándose a si mismo para poder llorar. Así estuvo varios minutos, entristecido ante la falsedad de lo que era su esperanza de vida. Si, de vida, por que Gackt era lo único por lo que seguiría viviendo, por que de no ser así, ¿Por qué más lo haría? Gackt era ahora lo único que tenía… Pero, ¿Y si Gackt ahora ya no se preocupa de el? Entonces el mismo acabaría con su propia vida. No permitiría al mundo volver a hacerlo sufrir. Estaba en esos pensamientos cuando se le ocurrió levantar la vista. Extrañamente ahora estaba frente a esa sombra que había visto minutos atrás. Tenía la silueta de Gackt, sin duda, ¿Pero por qué sólo podía ver su silueta y su sombra? A pesar de aquello, podía ver que desde la oscuridad de aquella sombra se asomaba una mano ofreciendo ayuda. Rápidamente se secó las lágrimas, se puso de pie y dio un paso atrás. ¿Qué sucedería si tomaba aquella mano? No lo sabía, y fue justamente por eso que se atrevió a tomar la mano frente a si.Apenas la tocó se vinieron a su mente montones de recuerdos, cada uno de sus llantos, violaciones, gritos, golpes, tristezas, su madre. Su madre. Volvió a vivir en un minuto el día en que su madre murió, luego el día en que su padre por primera vez le pegó, después cuando Hiroshi entró en su vida, y por último, cuando lo violó por primera vez. Por primera vez podía recrear en su mente lo que ocurrió aquel día en que fue violado en estado inconsciente. Colapsó. Gritó fuertemente y comenzó a llorar de forma desconsolada, llevó ambas manos a su cabeza y la apretó fuertemente, como si haciendo aquello los recuerdos se disiparan. Lo siguiente que pudo hacer fue correr, correr y huir, como había hecho desde la muerte de su madre; huir del dolor. ¿Por qué la vida tenía que ser tan dura para el? ¿Valía la pena todo ese sufrimiento? ¿Dónde estaba Gackt? ¿Lo había abandonado nuevamente?
De forma repentina, se detuvo. Algo extraño ocurría. Hace unos segundos tenía pantalones, zapatos y una camisa… ¿Por qué ahora tenía el delantal de hospital y los pies descalzos? Sentía cómo sus pies estaban adoloridos por las piedras en el suelo. Observó a su alrededor, ¿Cuánto habrá corrido? Ahora se encontraba junto a los rieles de una línea de tren. ¿Dónde estaba? No lo sabía. Se acercó a los rieles y se puso en la mitad de la línea. Se observó a su mismo unos segundos… Tenía el cabello largo y liso, muy sucio, al igual que sus pies y su cuerpo en general. ¿Qué estaba pasando? No lo sabía, pero quería que acabara. Entristecido, se sentó en el tablón que había entre ambos rieles, flectando sus piernas y abrazándolas, para luego posar el mentón sobre uno de sus brazos, con una expresión más que entristecida. Tenía tantas preguntas, pero ninguna respuesta. La más dolorosa, era si Gackt de verdad lo amaba como decía, o solo era lástima lo que sentía.
El sonido de un fuerte silbato lo sacó de sus pensamientos, seguido de las vibraciones de los rieles del tren. Se puso de pie, y pudo observar a lo lejos una nube de humo negro, clásico de las locomotoras antiguas. Salió de la línea del tren, y vio como este se acercaba poco a poco, con bastante velocidad, que extrañamente fue descendiendo a tal punto que el tren se detuvo a su lado, y la silueta de un conductor le hizo una seña para que subiera. Por un momento dudó y algo que le llamó mucho la atención fue poder ver un reloj en blanco colgado de la parte delantera del tren. ¿Qué significaba aquello? El conductor del tren le dijo una seña, y le susurró ‘Sin rumbo’. Hora tenía mucho más dudas, ¿Qué clase de respuesta era esa? Se encogió de hombros y subió al vagón de carga del tren, el cual partió de inmediato, tomando gran velocidad. Se mantuvo sentado en el suelo, tal cual estaba en lo rieles, abrazando sus piernas y observando el camino. Al principio estaban en un completo bosque, luego pasaron por zonas rurales, donde veía siluetas de mujeres trabajando en los campos de arroz, luego pasaron por una especie de pueblo abandonado, lleno de sombras y siluetas paseándose como fantasmas por todos lados.
Luego entraron a una ciudad, donde pudo sentir los ruidos urbanos típicos de Osaka. Pero, ¿Era de verdad aquello… Osaka? En un momento el tren se detuvo y vio la silueta del conductor asomarse al vagón. –Hora de vagar- Susurró con un tono de voz muerto, entonces hizo caso y bajó del vagón. De inmediato pudo sentir el frío nocturno de la ciudad, por lo que se abrazó a si mismo y deseó tener zapatos. Comenzó a caminar con bastante inseguridad, viendo siluetas por todos lados, hasta llegar a una esquina en especial. En una banca, junto a un farol, se encontraba una silueta de mujer, la cual podía diferenciar un poco. ¿Quién era? Se fue acercando, y hasta que estuvo a un metro de ella la reconoció. La mujer allí sentada, tan solo en ropa interior, con expresión de cansancio, giró el rostro y le sonrió de la forma más dulce que veía en muchos años. Un par de lágrimas cayeron por sus mejillas, y sonrió algo confundido, pero contento de poder ver a su madre. Aquello solo le comprobaba que estaba muerto, pero al menos, estaba con su madre ahora. La mujer le hizo una seña de que se acercara y tomara asiento, y así hizo, se sentó junto a ella y se acurrucó en su pecho, el cual estaba muy helado, pero se sentía cálido poder abrazar a tu madre y recibir un abrazo de vuelta. La extrañaba tanto.Estuvieron así unos minutos, en silencio, hasta que ella habló en susurros. ‘Te estuve esperando, Hy-chan. Ven conmigo, debo mostrarte algo.’ Y luego de aquellas palabras la mujer se puso de pie, tomando la frágil mano de su hijo entre las suyas. Se puso de pie junto a ella y la observó llorando, a lo que ella respondió a darle un abrazo y levantarlo, como si aún fuese un niño pequeño. Su niño pequeño. Se abrazó al cuello de su madre fuertemente, y cerró sus ojos ante la calma que recibía de su parte. En la vida, ella había estado muy enferma, y debido a aquello murió, pero ahora parecía como si se estuviese recuperando, y aquello le daba alegría. Luego de una larga caminata, la mujer lo volvió a poner de pie en el suelo helado, le levantó el rostro, le besó la frente y lo tomó de los hombros para hacerlo voltear. Pudo divisar entonces un largo túnel, donde al final, una luz blanca e intensa alumbraba la silueta de un hombre. ‘Ve con él Hy-chan, te está esperando’ Susurró su madre, a lo que volteó a verla y, ante su mirada, sintió confianza de si mismo nuevamente, algo que no sentía hace mucho tiempo. ‘Estaremos juntos de nuevo algún día hijo, pero ahora, él cuidará de ti.’ Y entonces, su madre le dio un empujón, indicándole que debía partir. Temeroso, dio unos cuantos pasos y volteó a ver a la mujer, quien pacientemente veía cómo su hijo se alejaba nuevamente de sus brazos, pero debía hacerlo.
Caminó silenciosamente por el túnel, escuchando tan solo sus suaves pasos, pero cuando ya se fue acercando a la luz y a aquella silueta, comenzó a escuchar cosas. Un extraño ruido estridente le molestaba en los oídos, voces desconocidas las cuales no lograba entender, y un fuerte dolor en su pecho apareció. ‘Hyde, Hyde responde’. La voz de Gackt le estremeció, sin duda era el, esta vez sí era el. Corrió entonces hacia la luz y vio cómo aquella silueta le entregaba su mano. Cuando la tomó, el mundo se vino abajo, un enorme cansancio azotó su cuerpo, luces blancas e intensas molestaban en sus ojos recién abiertos y una de sus manos era fuertemente sostenida por Gackt. Una vez pudo divisar mejor qué había en su alrededor, vio a Gackt junto a el y le sonrió. Al parecer, había vuelto a la vida y Gackt estaba en ella, acompañándolo y preocupándose por el, tal cual su madre le había dicho.




